Mario García, censor colegiado nº 625xx de la Santa Inquisición, y miembro del exquisito club de pedantes pomposos (y algún que otro pendenciero, incenciario, mamporrero, hooligan, macarrón, chulopiscinas, tonton macute y muy, muy, muy cortito... ¡Buenas, Iracundo!) Siracusa 2.0, tuvo hace un par días la feliz ocurrencia de escribir un post realmente novedoso y profundo: "Reflexiones sobre el derecho a portar armas", en el cual ciertamente exponía las reflexiones roturadas un millón de veces por mil millones de adolescentes antes que él y en el que aporta como novedad una foto de ¡¡SORPRESAAAA!!... ¡Charlton Heston! (el Maligno para estos santurrones).
Me hizo gracia ver expuesto un carro con un par de mulos y los esfuerzos de un voluntarioso vendedor trantando de hacerlo pasar por un Mercedes G500. Como la curiosidad mató al gato me metí, sin la debida preparación intelectual, todo hay que decirlo, donde no me llamaban.
Después de una docena de dimes y diretes en los comentarios, me di cuenta de que un Mario cada vez más irritado había olvidado todos y cada uno de mis argumentos para centrarse, como maniobra de diversión, en el peligro que supondría para la seguridad de la comunidad la instalación de armas nucleares en la cocina, lanzagranadas en la puerta del garage y carros de combate aparcados en el jardín. Intuí que Mario, aparte de compartir conmigo la débil preparación intelectual sobre el tema, definitivamente había perdido el juicio. Le insistí en discutir lo que estaba pendiente de mis argumentos, o sea todos, pero se hizo el indignado, me llamó ignorante y tras intentar cobrarme el tiempo que le hice perder cerró comentarios (está en su derecho) y la cantina.
El peligro de que una sociedad libre acabe sucumbiendo al peor de los totalitarismos (aquel en el que son los mismos 'ciudadanos' indolentes los que se 'suicidan' negándose a ellos mismos sus derechos más básicos) es directamente proporcional al número de crios que, como Mario, asumen, con ese sentimentalismo santurrón que tiene el buenismo, los argumentos que el tirano emplearía para someterle: las armas matan, no las personas, deja que sea yo quien te proteja y tendrás una sociedad más segura.
Esta bobada ha sido una y otra vez desmentida por la realidad (John Lott y otros lo ha hecho estadística sobre estadística) pero aunque no hubiera sido así, la culpa nunca sería de las armas de fuego ni de quien trata de defender su propiedad, sino de quien viola los derechos de los demás que, hoy por hoy, es el único que puede conseguir y utilizar un arma de fuego: el delincuente.
Pues como resulta que Hitler argumentaba lo mismo que Mario para conseguir un fin distinto al que persigue Mario (creo) y se me ocurre comentarlo, el indignado siracuso aprovecha para impedirme, con todo el derecho del mundo, insisto, que le conteste:
"Este año marcará un hito en la historia. Por primera vez una nación civilizada tiene un completo registro de las armas. Nuestras calles serán seguras, nuestra policía más eficiente y el mundo seguirá nuestro liderazgo en el futuro."
Adolf Hitler, 1935
Preocupa el poco tiempo que se le dedica a pensar a un tema que está tan de rabiosa actualidad entre los propietarios de casas desde Gerona a Alicante o en los alrededores de Madrid, cuya propiedad e integridad física es violentada día si y día también, y no pueden defenderse a sí mismos ni a sus familias porque los argumentos hitlerianos han calado hasta en los que se dicen liberales. Decirle esto a Mario le ha debido doler para que me cortara de súbito.
Estamos hablando del derecho inalienable de una persona a defender su propiedad y, sin embargo, para los 'mario', todo se reduce al sueño infantil de una sociedad segura que sólo existe cuando cerramos los ojos a la realidad, cuando cambiamos el canal de televisión que nos cuenta como han entrado en casa de alguien para robarle y/o matarle, como han atracado un banco o a un ciudadano en un cajero, etc. Si hay libertad cuando el gobierno teme a los ciudadanos, lo lógico es que es el gobierno que tiende a la tiranía limite la defensa de sus derechos a los ciudadanos, por ejemplo, negándoles el derecho a defender su vida y su propiedad. Esto dijo e hizo Hitler pero ¡psssst, silencio! No nombreis a Hitler pues os hará perder el debate... y, de paso, la libertad ¿eh, Mario?
"Ups! The Modorro. La falacia de la reductio ad hitlerum. Según la Ley de Godwin, has perdido el debate. Adios."
Mario García --el chico listo que ganaba debates y suspiraba mientras soñaba con una sociedad segura donde el delincuente tiene un arma en la mano y el honrado ciudadano el miedo en el cuerpo y la indefensión por ley--